Categoría: Boricuas bestiales
22 Abril 2008
José de Diego (Aguadilla, 1867 - Nueva York, 1918)
Poeta, político y abogado puertorriqueño. Aunque comenzó sus estudios en Mayagüez, se trasladó tempranamente a España para estudiar en el Instituto Politécnico de Logroño.
Pronto se despertaron en él las aficiones poéticas y la atracción por la política. A los catorce años de edad formaba parte del Comité Republicano Progresista de la ciudad riojana y enviaba sus primeras colaboraciones a La Semana Cómica de Madrid.
En la Universidad de Barcelona cursó la carrera de Leyes. Por aquellos años fundó, con Ricardo J. Catarineau, el periódico La Universidad. En 1885, unos versos audazmente extremistas publicados en El Progreso de la capital española le valieron ingresar en la cárcel. Muchos de sus poemas son precisamente sobre temas políticos de su tiempo, dada la situación de las últimas colonias españolas en América, especialmente de Puerto Rico y Cuba.
Durante unas vacaciones en su país enfermó, y a causa de ello no pudo retornar a terminar sus estudios a España. Obtuvo, sin embargo, la licenciatura en derecho en la Universidad de La Habana, Cuba, en 1891. Su permanencia en esa isla le permitió entrar en contacto con la obra de José Martí.
En 1892 regresó a Puerto Rico nuevamente e ingresó en el bufete de Rosendo Matienzo Cintrón, en la ciudad de Mayagüez. Se estableció en Arecibo en 1893 y el 18 de enero de ese año fundó allí el bisemanario político La República. Junto a Luis Muñoz Rivera colaboró en 1897 en la fusión del Partido Autonomista y el Partido Liberal Español, que dirigía entonces Práxedes Mateo Sagasta.
Cuando España otorgó la autonomía a Puerto Rico en 1898, ocupó la Subsecretaría de Gracia, Justicia y Gobernación. Más adelante pasó a trabajar como magistrado de la Real Audiencia Territorial de Puerto Rico. En 1900 pasó a formar parte del Consejo Ejecutivo de Puerto Rico. Ocupó un escaño en la Cámara de Delegados en 1903.
Al año siguiente, junto con Luis Muñoz Rivera y Rosendo Matienzo Cintrón, colaboró en la fundación del Partido Unión de Puerto Rico. Este partido abogaba por una solución definitiva para el estatus político del país. De Diego se inclinaba enérgicamente hacia la independencia de Puerto Rico.
En 1907 fue nombrado presidente de la Cámara de Delegados, posición que ocupó hasta 1917, cuando el cuerpo legislativo fue sustituido por la Cámara de Representantes. En su obra legislativa se destacan sus gestiones para la fundación del Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas de Mayagüez (en la actualidad conocido por el Recinto Universitario de Mayagüez).
La colectividad del Partido Unión de Puerto Rico lo eligió presidente en 1914. Dos años más tarde decidió separarse del mismo debido a la resistencia dentro del partido a desarrollar la soberanía e independencia para el país.
Defendió entonces con igual vigor la independencia de Puerto Rico y la tradición hispana. Lo mejor de su elocuencia, de estirpe castelarina, lo consagró a la defensa del idioma español como lengua oficial de la enseñanza; se ganó así el apelativo de Caballero de la Raza. Realizó también una fuerte propaganda a favor del proyecto de la Unión Antillana; con ese propósito viajó a Cuba y a la República Dominicana. Dos años antes de su fallecimiento tuvo que pasar por la agonía de ver amputada su pierna derecha, para evitar la gangrena. Murió en Nueva York, el 16 de julio de 1918.
La obra poética y en prosa de José de Diego es sumamente extensa. Publicó poemarios, artículos en la prensa española y puertorriqueña, además de estudios legales y de administración. Desde el punto de vista poético, José de Diego está considerado como uno de los precursores del modernismo en Puerto Rico. Escribió cuatro volúmenes de versos: Pomarrosas (1904), Jovillos (1916), Cantos de rebeldía (1916) y Cantos de pitirre (publicado póstumamente en 1949).
Jovillos nos muestra un vívido testimonio de los años juveniles de nuestro autor, transcurridos en la Ciudad Condal. En 1886-87, una temporada en su isla nativa y unos tempranos amores dieron como resultado la elegía A Laura, uno de sus poemas más logrados y en el que desborda su lirismo ante la pérdida de su amada. Esta composición (algo lastrada por la carga romántica) se propagó de forma inusitada por todo Puerto Rico y pronto convirtió a José de Diego en una especie de "clásico" vivo de las Letras antillanas.
Entre su obra jurídica se pueden mencionar La codificación administrativa: notas para un libro (1890) y El plebiscito puertorriqueño (1917). El tema de sus escritos, tanto en prosa como en verso, se enfoca hacia sus ideales de independencia del país, el proyecto de la unión antillana (que en el siglo XIX favorecían Ramón Emeterio Betances, Pachín Marín y José Martí, entre otros) y su lucha a favor de la institución obligatoria del español como lengua de la enseñanza en Puerto Rico.
Tomado de: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/diego_jose.htm
En la brecha
Poema de José de Diego
¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.
Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece...
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
Y como el mar contra la roca: ¡Bate!
De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.
¡Levántate!, ¡Revuélvete!, ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste!
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9 Abril 2008

Dr. Ramón E. Betances Alacán (1827-1898).
Introducción
El doctor Ramón Emeterio Betances y Alacán (1827-1898), Padre de la Patria puertorriqueña, cuya obra política y cultural desborda los límites del pseudónimo que siempre usó, "El Antillano", para hacerlo latinoamericano y universal, ha sido ampliamente estudiada en sus diversas facetas, pero quizá la que menos lo ha sido es la que desarrolló en el campo de las ciencias médicas y sobre todo su proyección social en la etapa en que vivió en Puerto Rico de 1855, cuando regresó graduado de médico en París, hasta 1867 en que fue desterrado por sus actividades independentistas, para no volver jamás a su patria.1
Como historiador médico quiero destacar este aspecto en la presente breve ponencia y ningún evento científico mejor para exponerla que la Tercera Conferencia Científica Internacional Betances- Martí que se celebra en nuestro Centro de Estudios Martianos.
Inicio y desarrollo de la higiene social
Como consecuencia de la revolución industrial la navegación alcanza a partir del siglo XVIII un desarrollo sin paralelos que si bien intensifica el comercio entre todos los continentes, convierte las enfermedades infectocontagiosas epidémicas aisladas en verdaderas pandemias, lo que será el punto de partida de una nueva proyección social de la medicina y la creación de sistemas nacionales y organismos internacionales de salud para combatirlas.2
No se hará esperar la aparición de obras científicas donde se expongan el desarrollo de esta corriente médica y aparezcan conceptos como los de policía médica, que es la organización de la salud pública, de higiene social y de medicina social. La primera de estas obras lo será Consideraciones acerca de la utilidad y necesidad de un reglamento para la policía médica de un Estado (1764) del médico alemán Wolfgang Thomas Rau que inicia un movimiento en su país que tendrá su culminación en la monumental obra de Johann Peter Frank (1745-1821) Un sistema completo de policía médica cuyos ocho tomos aparecerán entre 1779 y algo después de 1821, año en que fallece su autor.
En estas obras se propone al Estado una serie de acciones encaminadas a la protección de la salud pública que, partiendo del análisis demográfico, comprende medidas legislativas de beneficio a la mujer embarazada, los problemas de salud del niño, la protección de los accidentados, el control de las enfermedades transmisibles, la organización de hospitales y otras.
Son iniciadores de estas ideas en Inglaterra William Petty (1623-1687), en Italia Bernardino Ramazzini (1633-1714) y en Francia la revolución burguesa dará un fuerte impulso a dichas propuestas al implantar un sistema nacional de asistencia social que incluía la atención médica. Ya en el siglo XIX en la propia Francia Joane A. Rochoux introduce el término "higiene social" para identificar la separación entre la higiene individual y la pública y en 1849 Jules R. Guérin (1801-1886) introduce el de "medicina social" que compendiaba los conceptos de fisiología, patología, higiene y terapéutica social.3,4 y 5
Tempranamente llegarán estas ideas a la enseñanza de la medicina europea y serán imprescindibles en los planes de estudio de las facultades de medicina en las universidades francesas, cuando Betances matricula en la Sorbonna de París, en 1847, la carrera de medicina.
El doctor Betances, higienista social
De formación cultural francesa, pues había recibido la enseñanza secundaria o preuniversitaria en la ciudad de Toulousse con notable aprovechamiento, comienza Betances sus estudios médicos en un París que sería conmovido un año después por la acción revolucionaria que trataría de reinstaurar la república.
En la Facultad de Medicina va a disfrutar de una enseñanza, que en las ciencias básicas y clínicas, le ha dado prestigio a la medicina francesa desde el siglo XVIII hasta el presente. Son sus profesores entre otras eminencias: Charles A. Wurtz (1817-1884) en Química Orgánica y Mineral; Apollinaire Bouchardat (1806-1886) en Higiene; Jean Cruveilhier (1791-1874) en Anatomía Patológica; Joseph F. Malgaigne (1806-1865) en Operaciones e Instrumental; Jean B. Bouillaud (1796-1881), Armand Trousseau (1801-1867) y Alfred A. Velpeau (1795-1867) en Clínica Médica; Auguste Nelaton (1807-1873) en Clínica Quirúrgica y Paul Dubois (1795-1871) en Clínica de Partos.6
En 1853 se gradúa de Doctor en Medicina con una tesis sobre "Las causas del aborto", donde no solo deja ver su preparación científica sino también su preocupación por la implicación social del tema. La tesis se publica en la capital gala dos años más tarde ("Des Causes de L'Avortement". Imprimeur de la Faculté de Mèdicine. París, 1855) y ese tiempo lo pasa como externo de los hospitales para consolidar sus conocimientos teóricos y su práctica junto a la cama del enfermo.7
En 1855 regresa a Puerto Rico convertido en un médico de sólida formación clínica integral imbuido de las más modernas ideas de la medicina social de su época, lo que muy pronto tendrá oportunidad de aplicar en la práctica de su profesión.
Se instala en la ciudad de Mayagüez, capital del distrito al que pertenece el municipio de Cabo Rojo, en cuyo poblado cabecera del mismo nombre, había nacido el 8 de abril de 1827. Su arribo va a ser verdaderamente providencial pues ese año llega a la Isla una de las enfermedades epidémicas que el desarrollo del comercio, por la navegación a vapor, había convertido en terribles pandemias: el cólera morbo asiático.
En la segunda de estas pandemias (1829-1850) el cólera había entrado por primera vez a Europa y América; en la tercera (1853-1860) lo había hecho nuevamente a América8 y de noviembre de 1855 a noviembre de 1856 azotó tan violentamente la población puertorriqueña que causó más de 30,000 víctimas, según el eminente historiador médico español doctor Francisco Guerra (1916), de la Universidad de Alcalá de Henares, basándose en información del historiador médico puertorriqueño licenciado Cayetano Coll y Toste (1850-1930).9
El doctor Betances que había estudiado la enfermedad clínicamente con sus profesores de París, pues todavía se desconocía la causa y el mecanismo de transmisión, tuvo la oportunidad de asistir abnegadamente cientos de enfermos y para ello fundó y dirigió el Hospital de San Antonio en Mayagüez, pero no con la concepción de institución de caridad bajo el control de la Iglesia, sino con la más moderna de beneficencia pública regida por el gobierno civil y donde sin limitación alguna se llevara a cabo la más moderna práctica médica.
Controlada la epidemia, su labor le había ganado el mayor reconocimiento de sus compatriotas, pudo a finales de 1856 revalidar su título francés ante la Real Subdelegación de Medicina, Cirugía y Farmacia en San Juan, dependiente de la Real Junta Superior de Medicina y Cirugía del Reino.10 Muchos años más tarde daría a la imprenta sus experiencias sobre esta enfermedad: "El cólera. Historia, medidas profilácticas, síntomas y tratamientos", París, 1890. Pero su propia práctica médica y sus inquietudes políticas, ya francamente independentistas, le habían hecho ver que no solo bastaba con curar a los esclavos y a los pobres, lo que le ganó el sobrenombre de "el padre de los pobres y de los negros" sino que había que luchar por cambiar su condición social, para lo cual fundó una sociedad secreta abolicionista y de su propio dinero pagaba para que niños de madres esclavas nacieran libres.
Por estas actividades se vio obligado a emigrar nuevamente a París, aunque por poco tiempo y es allí que en 1863 ante la Academia de Medicina presenta su estudio "Elefantiasis de los árabes" y en la Sociedad de Cirugía en 1864 su memoria "De la Osqueotomía".11
De regreso a Puerto Rico continúa su ejercicio médico principalmente en el Hospital de Mayagüez con un marcado acento higiénico social y por sus actividades independentistas sufre nuevamente el destierro a partir de 1867 pero ya de una manera definitiva, para después de pasar por varios países antillanos instalarse en 1872 en París, donde sin interrumpir su extraordinaria labor a favor de la independencia de Puerto Rico y Cuba, desarrollar una increíble y brillante obra médica que incluye publicaciones sobre higiene pública, - son de destacarse sus cinco artículos sobre "Viruelas y Vacuna"-, medicina tropical- entre éstas no podemos dejar de citar sus tratamientos originales de las disenterías, fiebre tifoidea y tétanos-, es felicitado por eminente profesor francés por su tratamiento de las neumonías y no lo son menos importantes sus técnicas para la uretrotomía.11,12
Su asidua colaboración con las sociedades médicas de París, que le ganó la Legión de Honor del Gobierno francés, no le impidió mantener una continua correspondencia científica con las corporaciones médicas de Hispanoamérica hasta su fallecimiento ocurrido en Neully, cerca de París, el 16 de septiembre de 1898.13,14
Consideración final
Es muy importante recopilar la obra científica total del doctor Ramón Emeterio Betances y Alacán y darla a conocer en toda su magnitud, para poder comprender integralmente la personalidad política y cultural de quien fue, sin lugar a dudas, uno de los médicos latinoamericanos más eminentes del siglo XIX.
Referencias bibliográficas
Delgado García G. Betances, médico y revolucionario. Patria. La Habana, 1975;31(12):1-2.
Delgado García G. Conferencias de historia de la administración de salud pública en Cuba. Ed. Cien. Med. La Habana,1996.
Lesky E. Medicina Social. Estudios y testimonios históricos. Col. Textos Clásicos Españoles de la Salud Pública, Madrid, 1984.
Rojas Ochoa F. Acerca de la historia de la protección de la salud de la población. Edición provisional. Inst. Sup. Cien. Med. Habana. La Habana, 1988.
Rosen GA .History of Public Health. M.D. Publications, Inc. New York,1958.
Guerra F. Historia de la Medicina. Ed. Norma, S A. Madrid,1989.
Luz León J. de la. La Diplomacia en la manigua: Betances. Ed. Lex. La Habana, 1947.
Delgado García G. El cólera morbo asiático en Cuba y otros ensayos. Ed. Ciencias Médicas. La Habana, 1993.
Guerra F. Epidemiología Americana y Filipina. 1492-1898. Ministerio de Sanidad y Consumo. Madrid, 1999.
Guerra F. El médico político. Su influencia en la historia de Hispano América y Filipinas. Afrodisio Aguado, S.A. Madrid, 1975.
Rodríguez Vázquez E. Obra científica del Dr. Ramón Emeterio Betances. San Juan, Puerto Rico.(Artículo inédito).
Guerra F. La educación médica en Hispanoamérica y Filipinas durante el dominio español. Ed. Universidad de Alcalá. Alcalá de Henares, Madrid, 1998.
Expósito Casasús JJ. La emigración cubana y la independencia de Cuba. Ed. Lex. La Habana, 1953.
Rodríguez Expósito C. Índice de médicos, dentistas, farmacéuticos y estudiantes en la Guerra de los Diez Años. Instituto del Libro. La Habana, 1968.
* Ponencia presentada en el Panel III de la Tercera Conferencia Científica Internacional Betances-Martí.Centro de Estudios Martianos. La Habana, septiembre 16 de 2002.
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15 Marzo 2008
11 Enero 2008

Si usted le pregunta a una persona, estudiante o no, en Puerto Rico ¿Quién fue Eugenio María de Hostos? No se escandalice si ve que de repente suspira, y luego de buscar en lo más recóndito de su mente, con el seño fruncido, levante sus hombros en señal de sorpresa, o probablemente le diga: "Ah, sí, esa es la escuela que queda cerca de mi casa", o si de repente le dice, lo que nos hace pensar que la ignorancia es atrevida, "lo único que sé es que esos hostosianos son unos comunistas". Sólo una parte de la población sabe la verdad conciente. Sí, porque muchos saben la verdad, pero sin conciencia. Los primeros son los que tienen suerte: Los que por suerte de la vida les toca un maestro comprometido con la enseñanza, más allá de lo que les sugiera el Departamento de Instrucción de Puerto Rico; los que tienen la suerte de tener padres entendidos en la realidad puertorriqueña; o los que por suerte de su naturaleza les gusta lo "underground" y van más allá de lo que dicen todos.
Como a mí me gusta recordar que soy parte de América Latina, quiero incluir aquí la biografía de uno de tantos puertorriqueños que me hace sentir ese orgullo y las ganas de continuar pensando que otro mundo es posible. Además, tengo el genuino interés de: Primero que todo, sacarlo de su duda antes de que pregunte; y segundo, si es que ya preguntó, que sepa que los puertorriqueños no somos morones.
EUGENIO MARÍA DE HOSTOS, CIUDADANO DE AMÉRICA
Nació en Mayagüez , Puerto Rico, el 11 de enero de 1839. Cursó sus estudios primarios en el Liceo de San Juan de Puerto Rico, prosiguió sus estudios secundarios en España (Bilbao) y continuó en la Facultad de Derecho de Madrid, donde se licenció en Leyes. El krausismo, que animaba la vida cultural madrileña en la segunda mitad del siglo XIX, determinó los derroteros filosóficos, pedagógicos y políticos por los que habría de discurrir su actividad intelectual; y así, partidario de la independencia de las colonias antillanas, creyó posible una gran federación ultramarina que instaurase la república en aquellos lares. Convertido en adalid del independentismo antillano, Eugenio María de Hostos pronunció en el Ateneo de Madrid varias sonadas conferencias que quedaron plasmadas por Galdós en uno de sus Episodios nacionales (Prim).
Viajó a París, de allí a Nueva York donde formó parte de La Junta Revolucionaria Cubana, creada para luchar por la Independencia de Cuba. Con este fin, dirigió el periódico "La Revolución".
Posteriormente, a partir de 1871, se desplazó hacia América del Sur (Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Argentina y Brasil), propagando sus ideas liberales antillanas y en defensa de la libertad de los pueblos.
En Argentina propició la construcción del ferrocarril trasandino. La primera locomotora que cruzó los Andes se llamó Hostos en su honor. Publicó artículos en el Diario "La Nación".
En Brasil se dedicó a escribir sobre la exuberancia de la naturaleza en esta zona.
En 1874 dirigió junto al escritor cubano Enrique Piñeyro La América Ilustrada. Ese mismo año volvió a Nueva York.
En 1875 regresó a las Antillas, a la única isla libre, la República Dominicana; y en Puerto Plata, Santo Domingo, dirigió Las Tres Antillas, trabajando por su ideal por lograr la Confederación Antillana.
Volvió nuevamente a Nueva York y luego a Caracas, Venezuela, donde dirigió el Colegio Nacional de Asunción. Allí contrajo matrimonio con la cubana Belinda de Ayala Quintana.
Al concluir la guerra de Cuba, con la firma de la paz del Zanjón, regresó a Santo Domingo, donde fue nombrado Director de la Escuela Normal, además de profesor de Derecho y de Economía Política en el Instituto Profesional.
En 1889 fue a Chile a ejercer tareas docentes. Allí profundizó en sus ideas educativas y en la instrucción de la mujer. Publicó el Juicio crítico de Hamlet. Fue Director del Liceo de Chillán y del Liceo Amunástegui de Santiago. Realizó también varias publicaciones y estudios pedagógicos, literarios y políticos, Fue miembro de la Academia de Bellas Letras de Santiago.
Al estallar en 1898 nuevamente la guerra en Cuba, regresó a Puerto Rico para luchar por la libertad, nombrado jefe de la comisión encargada de reclamar en Estados Unidos la independencia de Puerto Rico dentro de una confederación de las tres grandes islas antillanas.
En 1900 se radicó una vez más en República Dominicana, donde fue designado Director General de Enseñanza Normal. Falleció en Santo Domingo el 11 de agosto de 1903. Dijo de Hostos don Pedro Henríquez Ureña: "Vivió en los tiempos duros en que florecían los apóstoles genuinos en nuestra América".
Algunas obras de Hostos son:
-La peregrinación de Bayoán (1863)
-Ensayo crítico de Hamlet
-Lecciones de Derecho Constitucional
-Moral Social
-Los frutos de la Normal
-Reseña Histórica de Puerto Rico (Ensayo)
Algún día descansará en esta su tierra que lo vio nacer y por la que luchó toda su vida, y continuaremos su obra, y la obra de tantos otros que nos ha sido negada. Les demostraremos que no ha sido en vano. Por ahora sus restos seguirán prestados, enterrados donde vivió en sus postrimerías porque como diría Juan Antonio Corretjer "...sabe el hombre dónde nace y no donde va a morir..." y ¡qué bueno que fuera en un país libre! como homenaje a su trayectoria de lucha incansable, hasta que podamos salir del agua y aceptar la invitación que nos hiciera musicalmente Cuba a través de Pablo Milanés, ..."Puerto Rico, ala que cayó al mar, que no pudo volar, yo te invito a mi pueblo y buscamos juntos el mismo cielo..."
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