Sobrevivir sin lo cotidiano o morir
Leyendo el periódico el otro día encontré un artículo que está muy relacionado a nuestra nueva realidad puertorriqueña AP y DP (antes del petróleo y después del petróleo) y de la cual nadie se libra. Bueno, pensándolo bien, realmente se libran los ricos, los buscones y los legisladores. No creo que ese sea el caso de muchos puertorriqueños. Sobre todo aquellos que se jactaban de menospreciar aquellos trabajos que poco a poco muchos dejaron de hacer porque el Norte fue encargándose poco a poco de “proveernos” lo necesario para vivir y sin dar un “tajo”, así fue desapareciendo nuestra agricultura porque les hicieron creer que el progreso es sinónimo de ya no tener que arar ni sembrar la tierra, y mucho menos de criar pollos ni ganado, en otras palabras de ensuciarse las manos, "¡ay fo!"
Así como en el anuncio de televisión, las nuevas generaciones crecieron creyendo que la leche y el jugo de china venían de la nevera y los países tercermundistas eran los que se mantenían con esas cosas rústicas. ¡Qué sorpresa tan grande! Después de todo, lo positivo es que los “vendepatrias” de este país han entendido perfectamente de “golpe y porrazo” lo que quiso decir Virgilio Dávila cuando escribió: …”no vendas tu tierra al extraño por más que te pague bien, el que su terruño vende, vende la patria con él”. ¡Qué maravilla!, recién ahora también es que pueden sentir empatía con Luis Lloréns Torres en su nostalgia cuando escribió: …”ay, si estuviera en mis manos borrar mis triunfos mayores, y a mi bohío de Collores volver en la jaca baya”…
La hora de la bicicleta
Con el desaceleramiento de la economía, la “realidad latinoamericana” toca a nuestras puertas.
Por Gloria Ruiz Kuilan, El Nuevo Día
¿Por cuántos años una buena partida de boricuas viajaba a países de América Latina y regresaba a la Isla con el pecho henchido por la marcada diferencia económica entre el entorno boricua y el latinoamericano? Miraban por encima del hombro, con desprecio, la realidad vista en países como Cuba, República Dominicana, Colombia o Nicaragua.
La estampa de gente utilizando bicicletas como método de transporte, el uso masivo de sistemas colectivos de transportación, la siembra de huertos caseros y la abundancia de quioscos en las vías públicas en busca del peso... todas estas imágenes se despachaban como el vivo ejemplo de lo que es un país tercermundista, a lo que jamás llegaríamos.
Sin embargo, ahora que la economía está más lenta, algunos se plantean la posibilidad de que los cuadros de “esos países” pueden verse aquí. Y es que poco a poco -como la ola que gana altura- cobra auge el uso de la bicicleta complementado con el Tren Urbano. Están ‘choretas’ las motoras y ‘scooters’, como remedio ante el alto costo de la gasolina. Reaparecen los cordeles de ropa en los patios, los carros pequeños de cuatro cilindros son los más buscados y de los autos híbridos ni hablar. Nada, que el adagio “nunca digas de esa agua no beberé” parece amenazar las presunciones usuales de los boricuas, sobre todo aquellos que jamás pensaron que llegaría a Puerto Rico la hora de la bicicleta.
“Ante la nueva realidad de esta recesión tan marcada y constante, aquellas cosas que antes nos parecían lejanas o (propias) de la realidad de nuestros vecinos, ahora las estamos teniendo que afrontar”, afirma el economista Carlos Soto.
“Es un patrón de negación de la realidad”, dice el sociólogo y profesor de la Universidad de Puerto Rico, Manuel Febres Santiago. “Vivimos como si tuviéramos opulencia. Vivimos y queremos actuar como si fuéramos país de primer mundo con recursos inagotables. Vivimos como si fuéramos un país continental”.
Febres recuerda que para las décadas del 50 y 60 el producto nacional bruto de Puerto Rico tuvo un ritmo “impresionante” de crecimiento de aproximadamente 10% por 20 años. Soto añade que Puerto Rico tenía “exclusividad” en el mercado estadounidense, pero al cabo de unos años otros países obtuvieron el mismo beneficio. “Además se abrieron nuevas oportunidades de producción industrial en otras partes del mundo”.
“Puerto Rico estiró el pie más allá de lo que la sábana de Operación Manos a la Obra o industrialización por invitación permitía. Ahora, la sábana se ha encogido y todavía más. Y estamos bastante al descubierto. La red social que impide que caigamos en un abismo, las ayudas, también están menguando. El país necesita de un jamaqueón fuerte y ese jamaqueón puede venir con lo de la gasolina por un lado, con lo del gobierno en quiebra”, enfatizó Febres.
Por ende, nuestro modelo económico caducó, concurren Febres y el economista José Alameda, quienes sostienen que se descuidó la cultura de empresarios y la autogestión. “El mucho financiamiento, los fondos federales, nos permitió cierto nivel de bonanza que nos dejó financiar un país más grande de lo que éramos. Hicimos un país que devoraba el petróleo, dependemos del petróleo en un 72% para hacer energía. Lo que hicimos fue pasarle el rolo al terreno sembrando concreto y bitumul. Solamente tenemos un 28% de la tierra con capacidad agrícola para producir”, sentencia Alameda.
Y como la “realidad latinoamericana” ahora toca la puerta, es obvio que surjan las hipérboles. En un tono sarcástico ya se escuchan los comentarios de que serán los boricuas los que agarren yolas para emigrar. “Se abre la posibilidad. No es una fantasía”, afirma el sociólogo.
Pero el cuadro futuro puede ser más alentador. Los tres profesionales aseguran que hay salida para la situación de Puerto Rico, pero es imperativa una reforma radical del modelo económico, a la cual se le teme. Y, bajarse de la bicicleta para volver a utilizar la guagua de 8 cilindros no es recomendable porque los tiempos exigen un cambio de mentalidad y de acciones.
Hay que echar mano a la agricultura utilizando los avances tecnológicos, es decir, el cultivo hidropónico, “mirar palante” y buscar recursos renovables para generar energía, sugiere Alameda. Incentivar al empresario local para que produzca a nivel local y exporte es otro norte a seguir, que ya fue incorporado en la recién aprobada Ley de Incentivos Industriales, destaca Soto.
“En términos del crecimiento del producto nacional bruto, Puerto Rico tiene cada vez menos países para mirar por encima del hombro y más bien quizás tiene que ir mirando hacia la bicicleta como símbolo, como una de sus opciones de transporte”, dice Febres.


